Una razón brillante’ elabora un discurso que anima a los jóvenes de pocos recursos a desarrollar su educación como un salvavidas. El manejo de la palabra y la apariencia como cartas de presentación para optar a un futuro mejor. Una película muy entretenida que te hace pensar aunque a veces resulta un tanto artificiosa.

La historia arranca cuando un profesor de universidad (Daniel Auteuil) se le calienta la boca cuando le reprocha la impuntualidad a una de sus alumnas. La escena queda registrada y compartida en redes sociales por lo que causa un gran revuelo. Para calmar los ánimos y para que el profesor conserve su plaza en la institución invita a su alumna a darle clases particulares de oratoria para el concurso estatal. Una oportunidad única para que ambos aprendan lo mejor el uno del otro.

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La película parte de una premisa muy atractiva. La de invitar a los jóvenes a implicarse a estudiar no con el fin de ser buenos chicos y obedecer las normas sino más como la de aprovechar los recursos que te puede ofrecer la escuela como herramientas de útil aplicación en la vida real. A través del dominio de la oratoria y de una apariencia pulcra se pueden abrir muchas puertas que desde el lejano pisito de extrarradio pudieran parecer imposibles.

Una razón brillante’ reúne a dos personajes en una amistad improbable. Ella es una joven de origen argelino en el país de la Torre Eiffel y él es un profesor de antiguas convicciones. Pero entre ambos surge una especie de relación de simpatía profesional que llega a ser una entrañable simbiosis.

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Una película que resulta muy entretenida y hace pensar a los espectadores. El tema que aborda es muy atractivo con un guión que traslada de forma sencilla el arte de convencer desde las grandes aulas de las universidades hasta a las escenas de la vida cotidiana. ‘Una razón brillante’ no se queda en la parte luminosa también expone los riesgos del uso excesivo de la oratoria. Para el orador puede suponer caer en el lado de la manipulación, la frialdad y, sobre todo, la falta de tacto para con sus seres queridos. Son los costes por la obsesión de querer llevar siempre la razón.

Se trata de la historia de una joven estudiante de Derecho por lo que la película es ideal para ellos los futuros magistrados, jueces y abogados. Sin embargo, su pragmatismo y su flexibilidad a la hora de defender una postura u otra no me parecen cualidades aptas para otras profesiones como periodistas o políticos (o incluso para ser simplemente una persona). Porque creo que hay algo más importante que llevar la razón y es la credibilidad. Y es que al final de la película deja un regusto agridulce.

Con ‘Una razón brillante’ el cine francés nos da una estimulante lección de oratoria muy entretenida. Hará que pensar y dará de qué hablar durante semanas. Solo por eso ya son razones de sobra para ir a verla al cine.

Una razón brillante: 6,5/10

PD: Que no te quede para septiembre…

Escrito por Jorge Martín

Periodista. Máster en RNE. Amante del cine, la sátira política y la Juventus de Turín. Me encanta viajar y leo todo lo que cae en mis manos.

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